Desde la Amazonía llamamos a la paz

La actual guerra en Ucrania es un hecho de dimensión histórica que ya está reconfigurando el sistema internacional a nivel económico, comercial, geopolítico, social y ambiental. En el planeta existen otras guerras y agresiones armadas que también condenamos (Palestina, Somalia, Siria, etc.), sin embargo, ninguna tiene la posibilidad de escalar y desencadenar una catástrofe nuclear de consecuencias impredecibles.

Esta es una guerra que se da en el contexto del resurgimiento de las  pugnas inter-imperialistas. Desde la Amazonía hacemos un llamado a la paz, demandamos el inmediato cese del bombardeo y el retiro de las tropas rusas de Ucrania y nos solidarizamos con el pueblo de Ucrania. No tenemos ninguna duda de que la OTAN, con su política expansionista y militarista, contribuyó fuertemente a crear las condiciones para esta guerra, pero quién hoy bombardea, masacra y obliga a un éxodo de millones de ucranianos es Putin. La invasión rusa tiene que parar para que cese la muerte y las negociaciones entre las partes lleven al restablecimiento de la paz posibilitando la reconstrucción de Ucrania.

Nosotros no estamos con ninguna de las potencias imperialistas. Abogamos por el desarme de todas las armas nucleares y de destrucción masiva a nivel de Estados Unidos, Rusia, la OTAN, China y todos los sub-imperialismos regionales. La idea de que se puede garantizar la paz a través de las armas es un absurdo que ha fracasado. Abogamos por el desmantelamiento de la OTAN y de todas las alianzas e iniciativas militares que promueven el armamentismo y la expansión de sus áreas de influencia para supuestamente garantizar la paz. Llamamos a crear un bloque mundial por la paz desde la perspectiva de los pueblos contra todas las guerras y por la distención mundial.

Queremos denunciar a toda la comunidad internacional que la guerra en Ucrania está siendo utilizada para profundizar la agresión a la Amazonía y sus pueblos. La Amazonía está sufriendo la exacerbación de las prácticas más conservadoras: nacionalismos, machismos, racismos, fanatismos religiosos, individualismos y otros que engendran y fortalecen regímenes autoritarios para mejor explotar a los pueblos y la naturaleza.

Recientemente la Cámara de Diputados de Brasil aprobó la Ley N° 191/20 para que sea tratada y votada con carácter de urgencia la autorización para la extracción minera, hidrocarburífera y de otra índole en territorios indígenas. El justificativo de Bolsonaro es que la guerra en Ucrania está poniendo en riesgo el abastecimiento de fertilizantes para el sector agroindustrial a pesar de que es conocido que los actuales stocks de potasio, en su gran mayoría localizados fuera de territorios indígenas, son suficientes para abastecer a Brasil por varias décadas. Lo que en realidad se busca a través de estas leyes es la expansión de la explotación minera, en particular del oro, que se ha extendido por toda la Amazonía.

La Amazonía viene profundamente fragilizada por la crisis sanitaria y climática a la cual los poderes nacionales e internacionales no han sabido dar respuestas de fondo. La pandemia profundizó el extractivismo y ahora la guerra acelera aún más la expansión de la frontera agropecuaria y el agronegocio. Los altos precios de ciertos commodities (petróleo, oro, aluminio, zinc, cereales, soya, carne y otros) están fortaleciendo el autoritarismo y el accionar anti-indígena para despojar a los pueblos amazónicos de sus territorios y apoderarse de los recursos naturales. Nuestra casa común está bajo ataque. Asistimos a una violación a gran escala de los derechos de la Naturaleza en la Amazonía y a nivel mundial. La guerra está exacerbando el ecocidio, el etnocidio y provocando un nuevo genocidio.

La militarización del planeta está fortaleciendo las estructuras patriarcales donde impera la ley del más fuerte y el autoritarismo. La explotación de la naturaleza y los territorios es también la explotación de los cuerpos de las mujeres y comunidades feminizadas. Presenciamos la masculinización patriarcal de la sociedad, a través de la guerra, en lugar de avanzar hacia una ecosociedad de los cuidados en respeto y reciprocidad con todas las vidas.

La guerra en Ucrania está provocando un retroceso de la agenda climática y consumiendo miles de millones de dólares que son necesarios para hacer frente a la crisis climática. Abogamos por el recorte de los presupuestos de guerra y defensa en el mundo para destinar dichos recursos a enfrentar la crisis ecológica y la pobreza que se agrava en el planeta.  El último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que es una grave advertencia para la humanidad, ha pasado invisibilizado por la crisis humanitaria que provoca el bombardeo a Ucrania. Países como Alemania discuten ampliar la explotación del carbón para afrontar la crisis energética. El conflicto bélico da aliento a las industrias sucias de los combustibles fósiles y posterga el accionar de todo el planeta contra la crisis climática.

La búsqueda de la paz tiene que darse a todos los niveles. No puede haber paz en la Tierra si no hay paz con la Tierra, si no hay paz con los pueblos indígenas, si no hay paz con las mujeres, si no hay paz con todas las culturas, si no hay paz con la naturaleza. En este camino queremos hacer un llamado a todas las organizaciones sociales del mundo a participar activamente del proceso hacia el X Foro Social Pan amazónico que se realizará del 28 al 31 de Julio en Belem do Pará, Brasil.

La terrible crisis de la guerra debe hacernos reflexionar sobre alternativas estructurales y sistémicas que lleven a una reingeniería del multilateralismo de las Naciones Unidas que se ha demostrado anacrónico para hacer frente a un conflicto entre las potencias que cuentan con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU. Así como después de la segunda guerra mundial surgió una nueva organización multilateral, después de esta guerra y frente al agravamiento de la crisis climática y ecológica debemos construir un multilateralismo que incorpore no sólo a los estados en condiciones de igualdad, sino también a los pueblos y a la naturaleza. Nuestro llamado a la paz es un llamado a repensar y reconstruir las estructuras internacionales, nacionales y locales que desencadenan y alimentan la guerra y el autoritarismo a todos los niveles.

ASAMBLEA MUNDIAL POR LA AMAZONIA

28 de marzo de 2022

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