Brasil: Un momento decisivo para su historia

Resumen y análisis de la coyuntura Amazónica en el diálogo de la Asamblea Mundial por la Amazonía

Por: José Correa

Con el agotamiento del boom de los commodities después de 2008 entró en crisis el petismo. Nosotros tuvimos una ofensiva muy fuerte de la extrema derecha que resultó en el gobierno Bolsonaro. La política de Brasil tuvo una sincronía, una resonancia importante con lo que pasó en Estados Unidos.

Trump fue electo en 2016, Bolsonaro en 2018, Biden en 2020, Lula en 2022. No tendríamos Bolsonaro sin Trump y no tendríamos Lula 3 en 2022 si Trump hubiera seguido en el gobierno. Esto es importante porque vamos a ver cómo la intervención de Estados Unidos en la política brasileña está creciendo.

Lula fue elegido con el Frente Amplio en 2022 contra Bolsonaro. Este era un bloque de izquierda, sectores de centro democrático y sectores de derecha anti-Bolsonaro. La elección de Lula en 2022 no fue la elección de un gobierno de izquierda, es un gobierno progresista pero no mucho. Eso lo observamos claramente cuando vemos del modelo económico. El neoextractivismo que prevalece en la economía brasileña no es el proyecto de la izquierda brasileña, es el proyecto de la burguesía y de la amplia mayoría del centro político de Brasil.

El actual gobierno de Lula tiene una fuerte oposición bolsonarista de extrema derecha. Ahora tenemos una extrema derecha orgánica vinculada en gran medida a la familia Bolsonaro que es casi una dinastía. Así mismo tenemos estos sectores, que nosotros en Brasil llamamos centro, donde está una derecha de diversos matices, algunos de los cuáles participan del gobierno Lula. Durante el gobierno de Lula ha habido una pelea permanente entre la extrema derecha, la derecha gobernista o centrista y el progresismo. El progresismo tiene elementos de la agenda ambiental pero no es ambientalista.

Después del COVID en 2020 la economía brasileña ha estado creciendo a más de 3 por ciento al año. No es una economía que está en recesión. Es una economía que está fuertemente vinculada a la dinámica del mercado mundial. Brasil reemplazó a Estados Unidos como gran productor de soya. Es una economía agro exportadora muy fuerte y moderna, con un crecimiento muy fuerte de la exportación de petróleo. Ahora Brasil es el segundo mayor exportador de petróleo para China, después de Rusia. El gobierno de Lula apuesta por el libre comercio y trabajó muy duro para la aprobación del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur. Actualmente Brasil está fuertemente vinculado a la China y menos a Estados Unidos. La vinculación con Estados Unidos es principalmente financiera. Brasil exporta dos veces más para China que para Estados Unidos. El tema del incremento de los aranceles por parte de EE.UU. generó una fuerte reacción en las relaciones internacionales del Brasil. Eso puso en marcha una discusión sobre la cuestión de la soberanía nacional que volvió a ser un tema importante en la política brasileña.

Con la elección de Trump vemos una intensificación de las iniciativas legislativas de la extrema derecha y la derecha. Hay una disputa fuerte en el poder judicial que no está bajo el control de la extrema derecha, pero que es parte del estado profundo que maneja los intereses más estratégicos de la clase dominante.

Existe una ofensiva reaccionaria contra la legislación ambiental que promueve el congreso brasileño. El legislativo frena las iniciativas de contención de la devastación. Hay un acuerdo de la derecha, la extrema derecha y del centro que participa del gobierno, para impulsar el neoliberalismo y la expansión de la frontera agropecuaria, minera y petrolera.

La elección presidencial que vamos a tener el 4 de octubre, la primera vuelta, y el 25 de octubre, la segunda vuelta, será probablemente una pelea entre Lula y Flavio Bolsonaro, el hijo de Jair Bolsonaro, que está en la cárcel. Lula impulsa medidas populares como la negociación del endeudamiento de la renta, la reducción de impuestos para las capas medias más bajas y una legislación de reducción de la jornada de trabajo de 44 para 40 horas semanales. La legislación actual posibilita una jornada de trabajo de seis días de trabajo y uno de descanso. Se quiere cambiar esto y que se limite la jornada a 5 días de trabajo y 2 de descanso.

La disputa con Trump es directa. No es solo la cuestión de los aranceles. Es la relación con China, es la transición energética, es la electrificación de los coches y el avance de los coches chinos eléctricos en Brasil. Es también el PIX que es una ley electrónica que cerró el espacio para tarjetas de crédito como Mastercard y Visa. Hay una disputa real de intereses conflictivos entre sectores de la burguesía brasileña e importantes sectores de la burguesía estadounidense. Esto está también vinculado al control de los datos de la gente. Brasil tiene 220 millones de personas.

Dependiendo del resultado de las elecciones vamos a tener diferentes escenarios. Lula no es el paraíso, pero es el bloqueo de la regresión.

El gobierno Lula propuso la privatización de los ríos de la Amazonía y hubo una resistencia muy importante victoriosa. No tenemos una situación de apatía general de los movimientos sociales. La cuestión de la jornada de trabajo está movilizando por la primera vez en décadas sectores del sindicalismo brasileño. Entonces es decisivo el resultado de las elecciones.

Hay que subrayar que Brasil tiene una burguesía con intereses propios frente a la burguesía americana y eso es una diferencia. Hay un intento del gobierno Trump de imponer un gobierno servil con Flavio Bolsonaro. Lula expresa más una burguesía autónoma.

Debemos impulsar la resistencia contra el imperialismo e impulsar el internacionalismo. Solo tenemos un futuro juntos. Lo que hace el imperialismo es fragmentar nuestros pueblos.

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