Resumen y análisis de la coyuntura Amazónica en el diálogo de la Asamblea Mundial por la Amazonía
Por: Esperanza Martinez
La verdad es que lo que nos está pasando, de alguna manera, es lo peor de lo peor. Ecuador entra a esta crisis, digamos, a partir de estos últimos años, con unas crisis bancarias súper duras, con problemas por terremotos y por otro tipo de desastres, unos desastres que son como el terremoto del 2016 o desastres construidos por una infraestructura gigantesca que no sirvió para nada y que colapsó. Ecuador ha vivido de crisis en crisis las últimas décadas.
Estamos ahora en el año seis post-COVID. La pandemia generó una cantidad de formas de operar que se han mantenido en el tiempo. Se generó todo un proceso de militarización y control. Los únicos que podían moverse en los territorios eran el personal de seguridad, de salud y las actividades extractivas.
En el caso del Ecuador, y yo me temo que en el caso de la mayoría de países de la región, ocurrió que el aislamiento concentró muchas drogas que no podían salir y entonces se destapó una violencia interna de microtráfico y de control de rutas, y de control de territorios de diferentes actores de la economía criminal que, en el caso nuestro, transformó el país de la noche a la mañana, con escenarios de muertes masivas. Ecuador se ha vuelto el país más violento y peligroso de la región.
Lo que saltó en esta época fue un proceso de corrupción gigantesco, de corrupción por las mascarillas, por los hospitales, por el sobregasto de inversiones, por la cooptación de jueces por parte de la economía criminal y, al mismo tiempo, por la imposición de un modelo absolutamente militarizado. El Ecuador, según el Observatorio del Crimen Organizado, cada año tiene el máximo histórico. En 2025 estuvimos como en los 10 mil asesinatos intencionales. Ahora ya superamos ese récord. En el 2026 ya está peor que en el 2025.
A esto se suma la guerra de Irán, que ha venido acompañada con la presencia militar en nuestro continente, pero particularmente en el Ecuador, porque como nuestro presidente busca simpatía y aceptación del presidente de Estados Unidos, lo primero que hizo fue negociar la presencia militar. Nosotros tenemos operaciones militares de Estados Unidos en el Ecuador, y hay la intención de abrir una base militar en Galápagos.
Se están haciendo operaciones militares contra empresas mineras con el argumento de que son ilegales y forman parte de una economía criminal. Los bombardeos a los pueblos y a las montañas son una cosa brutal.
¿El Ecuador en qué ha cambiado? Yo destacaría algunos puntos:
Vivimos en estado de guerra. No es simbólico, no es una metáfora. Se declaró que vivíamos en estado de guerra. Esto es lo que justifica la presencia militar de Estados Unidos.
Hay una corrupción e infiltración del narcotráfico brutal. Se han destituido, en lo que va del año, 77 servidores judiciales, 29 jueces y 6 fiscales, todos con responsabilidad en temas de narcos o en temas de haber exculpado a algunos de los líderes de las bandas criminales.
Adicionalmente, hay muertes a fiscales, jueces y defensores. Esta semana mataron a una de las fiscales de Manabí. Algunos son encubiertos y no son muy reportados, pero esta última semana se mató a una lideresa ecologista, un poco rebasando algunas de las líneas rojas que no habían pasado antes en el Ecuador. Era una madre con dos niñas chiquitas, era rubia, era extranjera. Es decir, que ya no importa mucho el costo político de cometer este tipo de crímenes.
Nosotros estamos viendo un proceso de bloqueos de cuentas a ONGs y a las personas de las ONGs como mecanismo de control de las ONGs. Tenemos presos a los alcaldes porque en el proceso electoral del 2027 la idea es contener a cualquier posible candidato que amenace la continuidad del gobierno.
Vivimos en estados de excepción. Antes los estados de excepción eran solamente en las zonas de frontera y Guayaquil. Ahora tenemos estados de excepción en Quito. Es decir, vivimos un momento muy malo.
En este contexto ¿cuáles han sido nuestras estrategias? Yo diría que nosotros hemos tenido la capacidad, y siempre lo decimos un poco en verdad y un poco en broma, que nuestra estrategia siempre es la improvisación estratégica.
Es decir, la capacidad de adaptarnos, de encontrar fisuras, de mantener la pasión y el compromiso, pero de saber que no controlamos muchos de los temas que definen y determinan toda la invasión de las industrias extractivas petroleras. De todas maneras, ha habido siempre este proceso de resistencias a nuevas operaciones, muchas con acciones legales, varias de las acciones legales hemos perdido, pero en la última etapa con una buena corte constitucional empezamos a ganar algunas, sobre todo por derechos de la naturaleza o por consultas previas. Impulsamos procesos de resistencia, procedimientos de participación y consulta, así es como ganamos la de Yasuní y la de Quito sin minería y otra más en Cuenca.
Lo que más éxito tuvo fue el tema de la participación y la constancia en las luchas de las comunidades más locales que han logrado beneficiarse de algunas disposiciones que tenemos en nuestra nueva Constitución.
En las zonas afectadas nosotros hemos hecho un trabajo de muy largo plazo haciendo monitoreo ambiental. Hemos logrado documentar el impacto de las actividades petroleras e impulsar la defensa de derechos.
Cuando ganamos la consulta del Yasuní, ya se habían construido 247 pozos, y lo que dijo la consulta del Yasuní fue que ahora toca cerrarlos. Entonces desde el 2023 tenemos la estrategia de cerrar los pozos. ¿Qué significa cerrar un pozo? ¿Qué pasa con la gente local que ha vivido de las empresas petroleras? ¿Cómo nos ubicamos en todo este escenario al plantear estos cierres?
En el Ecuador se han perforado 5.000 pozos y 2.500 ya no producen y deberían ser cerrados y no abandonados. Estamos empezando a trabajar sobre los temas de cierre y desmantelamiento. Esta es una deuda que tenemos como movimiento ecologista, porque hay muchas comunidades y zonas que han sido sacrificadas en donde no se ha reflexionado cómo vamos a recuperarlas, cómo vamos a empezar a hacer que esas zonas puedan tener autonomía, que esas zonas puedan ubicarse en un nuevo modo de vida y cómo vamos a enfrentar temas complicadísimos como el tema del trabajo.
También ha sido un momento donde hemos reivindicando las fuerzas de la naturaleza. Hay muchas cosas que nos permiten ser optimistas y que nos permiten pensar en algunas estrategias de cómo ser audaces como el vuelo silencioso de la lechuza o tener la capacidad de ser flexibles como el bambú, o sea pensar un poco en las fuerzas que tenemos de la naturaleza para aprender a sobrellevar este tema.
Es el peor momento en términos de violencia porque se ha rebasado todas las líneas rojas, pero diría que también es un momento en donde dicen que después de la peor oscuridad comienza el amanecer.
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