Venezuela: Un proceso de quiebre multidimensional

Resumen y análisis de la coyuntura Amazónica en el diálogo de la Asamblea Mundial por la Amazonía

Por: Emiliano Terán

Uno podría periodizar este siglo XXI venezolano de diversas formas. Desde el 2009 hasta la muerte de Chávez en 2013, ya se evidenciaba un estancamiento, no sólo de la popularidad de Chávez, sino del propio modelo petrolero, y eso implicó una mirada más intensa hacia la Amazonía. No es casual que en 2011 Chávez haya declarado la formación del arco minero del Orinoco, antes de que se oficializara cinco años después. Éste fue un periodo donde empezaba una expansión de la minería ilegal en la Amazonía, no sólo venezolana.

Otro gran periodo es el colapso venezolano. En ese contexto, Maduro oficializa en 2016 el arco minero del Orinoco. Este es un hito desencadenante de una expansión del apetito extractivo en la Amazonía, que a pesar de que tenía un impulso formal, tuvo en su ejecución fundamentalmente a través de la minería ilegal.

Entre 2022 y fines del 2025 hay un proceso de descomposición político-económica, que deriva en un extractivismo fundamentalmente predatorio, impune, incluso que articula la extracción legal o estatal con la extracción criminal, donde el sistema de represión y control político se va a volver absolutamente predominante, llegándose casi a un nivel de asfixia.

Todo esto tuvo un impacto en la Amazonía antes de la intervención militar estadounidense del 3 de enero del 2026. Ha sido un proceso de expansión en toda la geografía amazónica venezolana, que abarca la mitad del territorio continental venezolano.

El período actual es el peor período ambiental de la historia contemporánea de la Amazonía, porque el impacto es integral y multidimensional. Afecta no sólo a las comunidades indígenas de diversas formas, sino también a ecosistemas que están siendo envenenados, a la biodiversidad y los bosques que están siendo arrasados. Es una estructura de hibridación entre el crimen organizado y las estructuras del Estado. En particular en relación al oro que es el recurso estratégico más importante, sobre todo en un período de colapso de la industria petrolera.

2026 es un año que parte un poco la historia de Venezuela. El 3 de enero hay un punto de quiebre en todo, inclusive en la construcción de la soberanía en Venezuela. Recientemente ha habido un par de reformas de leyes extractivas importantes, como la ley de hidrocarburos y la ley de minería. Está en proceso la reestructuración de la deuda con el Fondo Monetario Internacional, articulaciones militares con el Comando Sur, e inclusive reuniones públicas con la CIA.

Concatenados con estos eventos ha habido un cierto despliegue militar estadounidense en Venezuela con algunas operaciones en la zona nororiental de la Amazonía, específicamente en el Kilómetro 88 y las Claritas. En esta región está la mayor concentración de oro de todo el país. Este despliegue militar ha atacado directamente a grupos criminales que han controlado la extracción minera en esa zona. Las implicaciones de esta operación, concatenada con todos los sucesos de este año, plantea que hay un cambio muy probable de la gobernabilidad extractiva territorial. Es decir, no solo hay claramente un cambio de la gobernabilidad nacional, sino hay un cambio en la gobernabilidad territorial.

Este cambio está profundamente vinculado a la ubicación de los recursos estratégicos. Se habla mucho de minerales críticos, pero en el caso venezolano, quizás el mineral más estratégico y preciado es el oro. Es un determinante de toda la política y de la geoestratégica principalmente en Amazonía. Es probablemente el avance en el eslabón más débil de Sudamérica, que tiene un espectro amazónico y regional hacia el caribe y toda América Latina. Un posicionamiento geoestratégico en línea con la doctrina Donroe y la reunión de constitución del Escudo de las Américas en Mar-a-Lago. El secretario de defensa de EE.UU., Pete Hegseth, plantea que para la lucha contra el crimen organizado van a avanzar directamente, a través de una estrategia directa, proactiva, que inclusive podrían avanzar en su lucha contra el crimen organizado sin la aprobación de los estados nacionales.

Hay una relación entre recursos estratégicos y lucha contra el crimen organizado. No es casual que hayan catalogado al PCC y al Comando Vermelho como grupos terroristas, porque hay una relación entre esta catalogación y las operaciones militares que podrían venir detrás de los recursos estratégicos.

En este escenario evidentemente hay una enorme vulnerabilidad de los pueblos indígenas de la zona, que en los últimos años han venido conformando casi un centenar de guardias indígenas, en su gran mayoría no armadas, aunque algunas están armadas, pero sin tener prácticamente mayor interlocución con el Estado ante la gran violencia que se está desplegando en la Amazonía venezolana. Una violencia que se despliega con mucha impunidad y a través de una articulación entre crimen y Estado.

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